viernes, 31 de octubre de 2008

Tesoros perdidos de A Room with A View...

Temas como este habrían formado parte de lo que sería el tercer disco de A Room with a View, pero desgraciadamente se separaron antes de grabarlos. ¿Los escucharemos alguna vez en un disco? Parece más bien imposible. Así que, si estuviste en su último concierto en la sala Caracol (Madrid), puedes considerarte afortunado. Si no, puedes comprarte el DVD que grabaron (si es que queda alguna copia) o ponerte este video hasta quemar tu ordenador.

Tema: "Obedece" (inédito).

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jueves, 30 de octubre de 2008

Stanley Clarke, Marcus Miller y Victor Wooten. Tres leyendas, un solo escenario

Tres de los mejores bajistas de la historia unen su pasión por el jazz y el funk para poner en marcha uno de los proyectos musicales más ambiciosos de los último años. Un disco y una gira histórica de 30 conciertos. ¿Alguien da más?

“¿Qué, tocamos?” Así, como si de tres amigos que se juntan para tocar en un garaje se tratara. Sin embargo, estos no son tres “chavales” cualquiera. Ni mucho menos. Son Stanley Clarke (Filadelfia, 1951), Marcus Miller (Brooklyn, NY, 1959) y Victor Wooten (1964), tres de los mejores bajistas de jazz del mundo (y de la historia), juntos en un mismo escenario.

Por separado, y en distintas generaciones, han tocado con leyendas de la talla de Miles Davis, Chick Corea, Aretha Franklin, Roberta Flack, David Sanborn, Gil Evans, Horace Silver, Stan Getz, Dexter Gordon o Art Blakey. Casi nada, ¿eh?. Ahora, se han unido como SMV y grabado “Thunder” (Dreyfus), que están presentando en una gira bestial de 30 conciertos, que pasó ayer por Barcelona, lo hará hoy por Madrid y mañana por Almería. ¡Benditos aquellos a los que la crisis no les impida ir al concierto¡

“La gente escuchará buena música y verá todo lo que puede hacer un bajo, ¡qué es mucho! Creo que se sorprenderán, porque no se trata sólo de tres tíos compitiendo en un escenario. Después de un par de temas te dejas llevar...”. Así describe Miller esta histórica reunión de amigos. Un “te dejas llevar” que pone los pelos de punta sólo de imaginárselo, pues, no en vano, está dicho por un músico que debutó con tan sólo 14 años en un club de Nueva York, y que a los 18 ya tocaba con nada menos que Miles Davis. “Debuté cuando era un niño. El club se llamaba Penguin Villa. Yo tenía 14 años y ¡nunca me pagaron!”, recuerda.

Pero este ganador de varios Grammy no va lo que se dice solo. Le acompañan Clarke (“Stanley es el innovador”) y Wooten (“Victor ha elevado el bajo a otro nivel”).

El primero podría ser considerado el “padre” del grupo, musicalmente hablando. “No me siento su padre en absoluto. Marcus y Victor son dos músicos verdaderamente completos”. Y esto lo dice un músico que a los 25 años ya era conocido como una “leyenda”.

Al segundo le conocen como el “Michael Jordan” del bajo, un auténtico “maestro” que ha tocado en bandas como Béla Fleck and the Flecktones, y que ha desarrollado varias técnicas innovadoras de cómo tocar este instrumento. “No sé cómo considerarme a mí mismo –dice Wooten-, pero sí, he descubierto otras maneras de tocar que no había visto nunca. Hago lo que hago lo mejor que puedo”. Y no lo hace mal el chaval.

Así que, si quieren ver y escuchar como estas leyendas se “dejan llevar”, afloje unos eurillos. Será algo histórico y creo que merecerá la pena. Yo, por desgracia, tendré que esperar a que pase (por encima de mí) esta crisis. A no ser que quiera invitarme...

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martes, 22 de abril de 2008

Cuando Stravinsky fue a ver a Parker

Los músicos del bebop (allá por los años 50) no eran ajenos a las innovaciones de la música clásica que se estaban dando en Europa, encabezadas por Arnold Schönberg (1874-1951) y Igor Stravinsky (1882-1971). Estas vanguardias les atraían e inspiraban: Miles Davis (1926-1991), a pesar de abandonar la Julliard School of Art de Nueva York, sentía gran admiración por las nuevas corrientes "blancas" y Dizzy Gillespie (1917-1993) estudiaba trompeta clásica con un intérprete de la filarmónica de Nueva York.

Charlie Parker (1920-1955), por su parte, entabló amistad con Schönberg (inventor del dodecafonismo). A pesar de que el austriaco estaba dispuesto a darle clases de armonía al de Kansas, la heroína impidió que "bird" pudiese estudiar con el vienés.

Parker se autodestruía a vista de todos. Una semana antes de morir sus familiares y amigos más cercanos se reunieron para intentar rescatarlo del despeñadero, pero no fue posible. La vida de excesos era irreversible. Era habitual que llegara un minuto antes a tocar absolutamente borracho, después de diez días sin que nadie supiera de él. Orinaba a dos metros del escenario donde tocaba con Red Rodney, y practicaba sexo en el asiento trasero de los taxis donde también viajaba el dieciochoañero Miles Davis. En 1954, intentó suicidarse dos veces después de que su pequeña hija muriera tras una neumonía mal atendida por falta de dinero. Pero paradójicamente, Parker murió el 12 de marzo de 1955 producto de un colapso cardiocirculatorio, producido después de un ataque de risa cuando veía la televisión.

Nunca sabremos cómo hubiese resultado la música de "Bird" si hubiese estudiado con Schönberg, responsable de darle una vuelta de tuerca a la armonía a principios del siglo XX. Pero en una ocasión estaba Parker tocando en el Minton´s Playhouse de la calle 52 en Nueva York, templo del Bebop donde los solistas se desquitaban de los corsés de las bigbands y se pasaban largas horas improvisando, cuando por la puerta entró, de repente, el mismísimo Igor Stravinsky (uno de los que sí apreciaba esa música nacida en Nueva Orleans).

Cuando le vio, a Parker no se le ocurrió otra cosa que improvisar pasajes al saxofón de ¡"Pájaro de fuego"!, el ballet que Stravinski estrenó en 1910 basándose en historias del folclore ruso sobre un ave mágica de brillo intenso, que simbolizaba tanto una bendición como una maldición para su captor. Sin duda una forma de rendirle respeto y pleitesía al gran maestro.

Ahora sólo cabe imaginarse la expresión de Stravinsky tras presenciar aquel momento mágico.

Charlie Parker "Summertime"

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miércoles, 16 de abril de 2008

Por fin se estrena el documental "Proyecto Arquímedes: puntos de apoyo para otro mundo posible"

El viaje ha sido largo, pero por fin ha llegado el momento...

Después de que a principios del 2005 a Mikel Renard se le pasara por la cabeza la idea de recorrer los cinco continentes en busca de proyectos sociales de todo tipo, el documental "Proyecto Arquímedes: puntos de de apoyo para otro mundo posible" se estrenará en los Cines Metropol de Castelldefels (Barcelona), el 18 de mayo a las 12:30.

Han pasado más 3 años desde entonces, y son tantas las experiencias vividas a lo largo de este tiempo, que resumirlas aquí sería un despropósito.

Baste con decir que Mikel no viajó solo. Tan pronto esbozó la idea en su cabecita, nos fuimos uniendo los que a la postre seríamos sus compañeros de andanza a lo largo de 9 meses: Carlos Domper, Daniel Viana, Moisés Celades y un servidor. Los cinco Rodamons (ese es el nombre que escogimos para dar a conocer el proyecto: www.elsrodamons.org) recorrimos juntos 25 países (...más o menos) con el objetivo de "descubrir diversas experiencias, iniciativas, comunidades, colectivos, ongs, redes, individuos, etc. involucrados en mejorar y positivizar su barrio, pueblo, fábrica o comunidad de vecinos día a día".

Con unos medios precarios y sin ninguna experiencia previa, a lo largo del viaje fuimos grabando todas estas "pequeñas batallas" y entrevistando a sus protagonistas, con el objetivo de montar lo que podréis ver el día 18 de Mayo en Castelldefels.

El fin último del documental no es contar nuestra aventura (que quedará para nosotros), sino mostrar el esfuerzo que toda esta gente hace por mejorar su entorno y darle la vuelta a un mundo "patas arriba". Cinco proyectos con cinco temáticas diferentes: Inmigración ¿ilegal? (Cádiz, España); Hambre (Wukro, Etiopía); Activismo cristiano, judío y musulmán en los conflictos de Oriente Próximo (Jerusalén, Israel); Los derechos de la mujer (Hong Kong, China); Sostenibilidad (Adelaide, Australia); Plantando cara al imperialismo desde el Imperio (San Francisco, EE.UU.) y Educación (Salvador de Bahía, Brasil).

Con la idea de que "El barco se hunde" y la convicción de que todos nuestros protagonistas no son suficientes, el documental trata de remover conciencias en busca de esos "puntos de apoyo -necesarios- para otro mundo mejor"... que representamos nosotros.

Si alguno quiere asistir que se ponga en contacto con nosotros enviando un e-mail a info@elsrodamons.org, o numero_uno101@ hotmail.com. En concepto de entrada hemos establecido un bono de ayuda de 5 euros que ira, integramente, para Wukro (Etiopía), donde el misionero y activista Ángel Olarán está llevando a cabo, desde hace 15 años, un proyecto que tiene como beneficiarios a miles de niñ@s y jovenes en situación de grave riesgo. Si quisierais ampliar la aportación para esta causa, os facilitaríamos de inmediato el número de cuenta bancaria.

Padre Ángel: "El hambre es un genocidio programado, tolerado. Hay que llamar a las cosas por su nombre. Y si las palabras han llegado a perder sentido, habrá que inventar un idioma nuevo".

Aeropuerto de El Cairo, noviembre de 2005

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Cuando Sacha Distel conoció a Wes Montgomery….

Cosas de la vida, Sasha Distel murió en el 2004, a la edad de 71 años, siendo más conocido como cantante de variedades que como músico de jazz. Sin duda, la enorme popularidad que alcanzó a raíz de su mediatizado idilio con Brigitte Bardot no debió ayudarle mucho, aunque este seductor, y no menos vividor, guitarrista francés de familia acomodada escribió una de las páginas más bellas de la historia del jazz parisino de los años 50.

Era muy bueno. Un prodigio del jazz de la época, con una técnica impecable… pero no era el mejor. En la década de los 50 ya había hecho su aparición el gran Wes Montgomery. A diferencia de Distel, Wes nació en 1923 en el seno de una amplia y modesta familia, y hasta los 19 años no pudo comprarse su primera guitarra. Empezó a tocar de forma autodidacta en 1943 imitando a Charlie Christian, y ya en 1948 realizó una gira acompañando a Lionel Hampton durante dos años. Esto le dio la posibilidad de tocar con Charles Mingus, Fats Navarro e incluso acompañar a la guitarra a la gran Billie Holiday.

Pero lo que hacía especial a este músico no era su increíble oído o su sentido de la armonía, sino la particular técnica que había desarrollado para no molestar a sus hijos cuando dormían: sólo tocaba con el pulgar de la mano derecha, ni con púa ni con más dedos… sólo con el pulgar. El sonido de este dedo no es tan fuerte como el de la púa y Wes practicaba por la noche cuando volvía del trabajo. Así se sacó todos los solos de Christian, su gran ídolo desde que cogió la guitarra por primera vez.

Esta historia llegó a oídos de gran Sasha Distel, quién se resistía a creérselo. Era imposible que alguien tocase tan bien sólo con el dedo pulgar. Por aquella época no existían grabaciones de vídeo que lo atestiguasen, así que ni corto ni perezoso, Distel cogió un avión hacia Nueva York para verle actuar, para comprobar si eran ciertos aquellos rumores.

Cuando el virtuoso francés entró en el local estaba convencido de que Wes guardaba algún truco bajo la manga y quería descubrirlo. Pero no había truco… de la mano derecha de Wes sólo el dedo más gordo se movía, consiguiendo además ese sonido tan característico que no se puede lograr con una púa.

Sacha derrotado ni siquiera esperó a que acabase el concierto. Se levantó hundido y se marchó. No había truco. Wes era mejor.

Wes Montgomery: "Full House"


Wes Montgomery: "Round Tonight"

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domingo, 13 de abril de 2008

Mulatu Astatke, el primer africano en el Berklee College of Music

Puede que muchos de vosotros conozcáis a este músico africano a través de la banda sonora de Flores Rotas, la película protagonizada por Bill Murray que Jim Jarmusch estrenó en 2005. Se cuenta que cuando el director estadounidense escuchó a Mulatu Astatke en el 2003, quedó tan impactado que comenzó a escribir un guión única y exclusivamente para acompañar sus ritmos.

¡No me extraña! Yo también conocí a Mulatu Astatke a través de la película de Jarmusch, cuando la vi en Caracas en junio de 2006. Salí tan alucinado con esos ritmos tan pegadizos que incluso me pareció que la trama se quedaba en un segundo plano (¿cuando una banda sonora eclipsa a una película significa que la película en sí es mala? No se, no soy crítico de cine... y puede que esto sólo me pasara a mí). En cuanto salí del cine me fui a un cibercafe (sí, en Venezuela hay cibercafés y cines independientes) y me puse a buscar de quién era esa banda sonora. La respuesta: Mulatu Astatke.

Mulatu Astatke nació en 1943 en Jimma, una ciudad al oeste de Etiopía, y aunque su formación musical la recibió en los Estados Unidos, es considerado como uno de los músicos más importantes del país africano, hasta el punto de que se le conoce como el Padre de Ethio-Jazz. A finales de los años 50 viajó a Londres, y posteriormente a Boston y Nueva York, convirtiéndose en el primer estudiante africano de la prestigiosa Berklee College of Music, de donde han salido otros grandísimos músicos como Branford Marsalis, Diana Kroll, Kevin Eubanks, Michel Camilo, Keith Jarret (...y también otros como Juan Luis Guerra, Quincy Jones, John Petrucci, Steve Vai o Trey Parker -uno de los creadores de South Park-). Allí absorbió las influencias del jazz y la música latina, que más tarde combinó con la música tradicional etíope.

Desde entonces ha grabado varios discos, uno de los cuales, Mulatu of Ethiopia, se ha convertido en una leyenda entre los Dj's de los últimos años. Además ha colaborado con muchos de los músicos de jazz más influyentes músicos del siglo pasado, como Duke Ellington durante los años 70. En su país se le recuerda porque llevó el jazz moderno y las influencias latinas, así como instrumentos específicos de la música occidental, a Addis Ababa. Entre 1968 y 1974 se convirtió en una figura esencial de la gran era del Jazz y Pop etíope, cuando creó las primeras bandas independientes de la "milicia" musical etíope, que anteriormente había dominado al escena de su país.

El disco Ethiopiques, Vol. 4: Ethio Jazz & Musique Instrumentale, 1969-1974 (volumen dedicado exclusivamente a la música de Astatke) es un gran ejemplo para entender la mezcla de influencias que reúne este músico africano. Lo que encontrarás en este disco: la excelente fusión de Jazz, Funk, Groove y Swing.

Bueno, pues aquí os dejo con la música del compositor, arreglista e instrumentista etíope.

Yegelle Tezeta



Y para los que vayáis a ir recientemente a Bruselas, mirad lo que os podéis encontrar por ahí... homenaje a Mulatu Astatke en las cercanías del clausurado cine Revue:"Kasalèfkut Hulu".

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viernes, 11 de abril de 2008

En algún sitio entre Mekele y Addis Abeba

Hice esta fotografía en noviembre de 2005, en un pueblo de Etiopía cuyo nombre no recuerdo. Fue hecha por casualidad y en movimiento, desde el autobus que nos llevaba desde Mekele a Addis Abeba, la capital del país africano. Un viaje de tan solo 600 kilómetros por carreteras sin asfaltar, que dura dos días enteros...

La foto puede despertar sentimientos muy diferentes dependiendo de quién la vea, pero mi intención no es juzgar. La cuelgo aquí porque, cuanto menos, es una imagen muy significativa de un país cuya esperanza de vida no supera los 47 años, y porque me sirve para introduciros al siguiente músico del que os hablaré: Mulatu Astatke.

De nuestro protagonista anónimo en la fotografía a uno de los músicos etíopes más importantes de la historia: Mulatu Astatke. A fines de los 50, viajó a Londres y posteriormente a Boston y Nueva York, absorbiendo influencias del Jazz y ritmos latinos... continuará en la próxima entrada.

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jueves, 10 de abril de 2008

“El Regreso” de Pat Martino

Hoy inauguramos sección. Con la asombrosa historia de este guitarrista estadounidense quiero dar comienzo a un espacio en el que se recojan desde las anécdotas más curiosas hasta las biografías más increíbles de la historia de la música. No importa que sucedieran hace 300 años, en el siglo pasado o hace cuatro meses. Blues, Jazz, Pop, Rock, Música Clásica, Étnica, Electrónica… da igual. Tan solo espero que sean historias que merezca la pena escuchar.

La de hoy sin duda lo es. Pat Martino protagoniza uno de los relatos más asombrosas de la historia de Jazz, un ejemplo de superación pocas veces visto. Aunque este instrumento ya contaba con otro gran luchador que se sobrepuso al infortunio (Django Reinhardt, que reaprendió a tocar la guitarra con los dos únicos dedos que le quedaron cuando se quemó el carromato en el que vivía cuando tenía 18 años), la historia de Martino no es menos sorprendente.

Nació en Philadelphia en 1944 (el mismo día que las tropas aliadas liberaban París) y a los 15 años empezó a tocar profesionalmente. Trabajó pronto en formaciones lideradas por músicos como Willis Jackson, Red Holloway o Jimmy McGriff entre otros. Tras tocar con John Handy (1966), empezó a liderar sus propios grupos en sesiones para Prestige, Muse y Warner Bros., demostrando interés en la vanguardia jazzística, el rock, el pop y las llamadas músicas del mundo, que incorporó a su estilo hard bop, convirtiéndose en uno de los más grandes guitarristas de la historia del jazz.

Pero llegó 1980. Con tan solo 36 años, Martino comenzó a sentir fuertes dolores de cabeza continuos. Los médicos le diagnosticaron un aneurisma cerebral severo que, si no operaban de inmediato, podría acabar con su vida. La intervención era complicada, pero no había alternativa.

Al acabar la operación los médicos le comunicaron a su esposa dos noticias: una buena y otra mala. La buena era que Martino había sobrevivido y se encontraba bien. La mala que no recordaba absolutamente nada de su vida anterior. Apenas reconocía a sus padres, ni a él mismo, ni su carrera como músico y había perdido por completo sus habilidades como guitarrista. Ni siquiera sabía lo que era un do. “Me encontraba vacío, desnudo, muerto” ha dicho en alguna ocasión.

Aunque al principio le enseñaban las carátulas de sus discos y no se reconocía, no se vino abajo y luchó contra su memoria perdida. A partir de 1984, Martino comenzó a realizar largas e intensas sesiones de estudio escuchado sus históricas grabaciones y volvió a aprender a tocar su instrumento. Sus viejos discos se convirtieron en “viejos amigos que le ayudaron a recuperar la belleza y la honestidad de su música”. Con ellos, volvió a ser uno de los mejores.

En 1987, tras años alejado de los estudios de grabación, sacó “The Return”. El nombre lo dice todo. Martino consiguió recuperar la forma, grabando de nuevo para Muse y Evidence. Su última compañía discográfica es Blue Note.

Pat Martino: "Welcome to a prayer"

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