
Parker se autodestruía a vista de todos. Una semana antes de morir sus familiares y amigos más cercanos se reunieron para intentar rescatarlo del despeñadero, pero no fue posible. La vida de excesos era irreversible. Era habitual que llegara un minuto antes a tocar absolutamente borracho, después de diez días sin que nadie supiera de él. Orinaba a dos metros del escenario donde tocaba con Red Rodney, y practicaba sexo en el asiento trasero de los taxis donde también viajaba el dieciochoañero Miles Davis. En 1954, intentó suicidarse dos veces después de que su pequeña hija muriera tras una neumonía mal atendida por falta de dinero. Pero paradójicamente, Parker murió el 12 de marzo de 1955 producto de un colapso cardiocirculatorio, producido después de un ataque de risa cuando veía la televisión.
Nunca sabremos cómo hubiese resultado la música de "Bird" si hubiese estudiado con Schönberg, responsable de darle una vuelta de tuerca a la armonía a principios del siglo XX. Pero en una ocasión estaba Parker tocando en el Minton´s Playhouse de la calle 52 en Nueva York, templo del Bebop donde los solistas se desquitaban de los corsés de las bigbands y se pasaban largas horas improvisando, cuando por la puerta entró, de repente, el mismísimo Igor Stravinsky (uno de los que sí apreciaba esa música nacida en Nueva Orleans).
Cuando le vio, a Parker no se le ocurrió otra cosa que improvisar pasajes al saxofón de ¡"Pájaro de fuego"!, el ballet que Stravinski estrenó en 1910 basándose en historias del folclore ruso sobre un ave mágica de brillo intenso, que simbolizaba tanto una bendición como una maldición para su captor. Sin duda una forma de rendirle respeto y pleitesía al gran maestro.
Ahora sólo cabe imaginarse la expresión de Stravinsky tras presenciar aquel momento mágico.
Charlie Parker "Summertime"